Limpié mis manos con barro. Con vinagre y sal curé mis heridas. Apagué la luz para poder ver. Un razonamiento ilógico pero parece que a día de hoy... funcionó. Espero no tener que volver a ponerlo en práctica: es desagradable, doloroso y angustioso.
Pero de vuelta en el buen camino me hallo. ¿Como se que es el bueno? pues no lo se pero me siento genial, feliz, agusto. Dicho camino pasa por un estrecho puente sobre un pequeño acantilado, el cual, hace muchos años lo vi un par de veces desde abajo. Hace algunos menos lo encontré pero al segundo paso resbalé y caí. A día de hoy, aun sin saber demasiado bien como, he llegado de nuevo al puente, por otro camino diferente. Pero esta vez ya se que es resbaladizo. Esta vez cuidaré mejor mis pasos. Esta vez no me caeré.