viernes, 14 de junio de 2019

Soledad ¿me has echado de menos?

Madre mía... Es increíble cuánto tiempo hace que no escribo... En otras ocasiones he intentado retomar este blog pero no lograba recordar en que plataforma lo creé. Tampoco recordaba el título exacto y por eso no lo encontraba por los buscadores. Bueno tampoco he puesto demasiado empeño. Creo que soy de esas personas que escribe, crea o inventa cuando se encuentra bajo los efectos de un determinado estado de animo. Como el rockero que escribe las mejores letras cuando está colocado. Yo me acuerdo de escribir el blog cuando me encuentro triste.

¿El motivo esta vez? Rompí mi brújula.

Yo era un loco vagabundo, buscando su sitio. Hasta que la encontré. Ella me indicó hacia donde debía caminar. Porque ella siempre conoce el camino. Es firme, nunca pierde su norte. Y apoyándome en esa firmeza, me situé. Descubrí donde estaba, por donde había caminado tantos años y pude situar todas mis huellas. Encontré un referente, un punto de apoyo, una regla inmutable. Mi código cero. Esa constante que no varia y a la que vuelves cuando te pierdes, cuando te equivocas, cuando te marean, cuando te caes. Y a partir de ahí te reconstruyes, vuelves a casa sin problemas.

Pero no tuve cuidado y la rompí. Me confié. No le puse una funda porque pensaba que lo resistía todo. No le puse un protector al cristal porque pensé que no se podía rayar. Me confié y no temía perderme. Y así solo conseguí abusar de su ayuda. No me di cuenta que el desgaste lo estaban provocando mis manos. El mal uso que yo le daba con mi torpeza, con mis despistes y mi desconocimiento del mundo que me rodea. Recurrí a ella en demasía.

Por eso vuelvo hoy aquí, porque me he vuelto a perder. Vuelvo a ser un vagabundo. Vuelvo a estar solo.

Las cosas son diferentes ahora. La oscuridad es mucho mas grande. El mundo es mas difícil. Hay miedos y monstruos mas grandes ahi afuera.

Tengo miedo.

Me encojo.

Y lloro.